La justificación de la existencia de Dios hizo de Aristóteles el creador por excelencia de la teología monoteísta. A partir del de Estagira, reflexionar sobre la divinidad sería hacerlo respecto al Dios de la ontoteología; Dios único, motor universal, Creador de todo lo existente. No por ello desaparecía el culto a los dioses más inmediatos, si puede decirse: los dioses positivos.
Al igual que egipcios o persas, dioses griegos y romanos continuaron revistiendo el fenómeno religioso de la humanidad hasta llegar en nuestros días a la última divinidad invocada por cualquier chamán.
En la cosmovisión judeo-cristiana, santos, ángeles o arcángeles heredarían las atribuciones de estos dioses positivos adaptándose a la modernidad. Del Dios del mar, del viento, la sabiduría, la guerra, la caza, la fecundidad o el buen fin de las cosechas, se pasa así al santo de la rentabilidad en los negocios o al protector de los accidentes de tráfico.










